Nocilla dream

La primera novela de Agustín Fernández Mallo desató pasiones encontradas y fomentó un debate sobre el presente y el futuro de la novela en España

J. Albacete

Quizá ningún otro libro haya levantado en nuestro país, en esta primera década del siglo XXI, tanta polvareda como Nocilla dream, la primera novela del físico y poeta, nacido en A Coruña en 1967, Agustín Fernández Mallo. El motivo esencial de ese revuelo literario no es sólo la peculiar naturaleza y estructura de Nocilla dream, sino su ambición y su voluntad (refrendada por una “poética” adyacente) de romper los moldes tradicionales de la novela española (siempre demasiado escorada hacia un realismo trufado de costumbrismo) y generar una nueva dinámica vanguardista, dotada de un proyecto narrativo novedoso y vinculado a las realidades del siglo XXI.

En una entrevista reciente, Agustín Fernández Mallo habla con ironía de aquellas personas (escritores, críticos, editores y también lectores) que se muestran abiertos y receptivos a lo nuevo, que admiten y desean que todo cambie… menos la literatura. Aceptan que todo pueda ser de otra manera, pero, eso sí, las novelas son intocables: tienen que seguir siendo lineales, sucesivas, humanistas, coherentes, reconfortantes “y amablemente reaccionarias”.

Contra esta regla, no enunciada ni impresa, pero constatable en la realidad (¿acaso no siguen siendo así el 90% de las novelas que se publican hoy?), Agustín Fernández Mallo lanza un desafío que, si bien es cierto no representa una novedad absoluta, pues tiene (¿y cómo podría no tenerlas?) sus raíces no sólo en vanguardias actuales sino también en otras más remotas (las vanguardias del siglo XX), sí tiene una proclamada voluntad rupturista. De ruptura no sólo técnica, sino efectiva. “Nocilla dream”, cabeza de una trilogía a la que se conoce como “proyecto Nocilla” (y que incluye otros dos libros, ya editados: Nocilla Experience y Nocilla Lab), es la expresión narrativa de esa “otra” literatura que se niega a seguir los derroteros tradicionales e intenta mostrar otro camino, otra vía, otra forma de construir el discurso literario: otros personajes, otros temas, otra praxis narrativa.

En Nocilla dream no hay acción propiamente dicha (nada que tenga que ver con aquello de planteamiento, nudo y desenlace), quizá propiamente no hay origen ni principio (ni por tanto final). Tampoco hay exactamente personajes, o al menos “protagonistas”, que sufran una evolución o un cambio (psicológico, moral o vital). No hay un discurrir temporal, al menos tal y como lo entiende la novela tradicional. Nocilla dream está formado por 113 fragmentos, la mayoría breves o aun muy breves, en los que se suceden historias mínimas levemente articuladas, microrrelatos sin ninguna continuidad, citas científicas o tecnológicas relevantes, parodias breves y bocetos narrativos, a veces de índole poético, a veces pictórico, a veces típicamente cinematográficos.

Si esta “red” de relatos y textos tiene un centro, éste podría ser un sorprendente álamo crecido en mitad del desierto de Nevada y cargado de zapatos, adonde van a parar muchas de las historias que dan cierta consistencia narrativa al libro.

Estas historias tienen que ver, casi siempre, con “outsiders” de la globalización, personajes marginales (o al margen), ajenos al vector dominante de la realidad (la sociedad productiva y administrada), e inspirados probablemente (como muy acertadamente sugiere Juan Bonilla en el prólogo) en la cinematografía “indie” norteamericana. Rubias de burdel junto a un desierto de Nevada, surfistas chinos octogenarios, ácratas que habitan extrañas micronaciones, un argentino que enloquece en un aparthotel de Las Vegas obsesionado con Borges, un gasolinero en un desierto de Albacete que compone canciones, un ex boxeador de Los Ángeles que quiere hacer el viaje de Colón a la inversa…, “vidas cruzadas” que sólo muy tangencialmente nos descubren su conexión y permiten articular algo así como un horizonte de sentido.

Son los “olvidados” del siglo XXI, outsiders posmodernos: más que víctimas de alguna forma de injusticia o marginación social, semejan habitantes de “mundos paralelos”, personas atrapadas en formas ultramodernas de alienación: la belleza del vacío, la soledad del desierto, la quimera de una metáfora, el sueño de desandar la historia…

La novela discurre por entero en espacios que remiten a una rabiosa modernidad: desiertos, suburbios, carreteras, aeropuertos, moteles, camiones, burdeles, micronaciones… que funcionan, de hecho, como metáforas efecticas de la libertad: ámbitos de la realidad que escapan a todo género de servidumbres sociales o nacionales, lugares en que se evita la subordinación al poder.

Junto a estas “estampas” o “fotografías” de una realidad nueva, las citas y las páginas de escritura científica y tecnológica, que van puenteando el texto, fijan también una dirección al lector: el mundo está cambiando. “The times they are a-changin”, que cantaba Bob Dylan.

Frente al término novela, Agustín Fernández Mallo prefiere, para calificar a Nocilla dream, el de “docuficción”: imágenes documentales de un mundo en mutación que ilustran relatos mínimos extraídos de la vida real, “que tienen interés por sí mismos”, pero que “al relacionarlos entre sí cobran un nuevo interés”. Y, en efecto, cuando la red queda tejida, después de leer y reflexionar los 113 párrafos del libro, nace para el lector una visión de conjunto atractiva y valiosa.

Literatura de vanguardia, pues, sí. Que engarza con las nuevas y las viejas vanguardias. Pero que, a diferencia de éstas (dice Fernández Mallo) se ha despojado de las utopías. Ya no aspira a cambiar el mundo (¡lástima!), sólo a desentrañarlo con una mirada “menos afectada y más desengañada”.

One Comment

  1. Nerec dice:

    Tal vez Fernández Mallo tilda esta obra de docuficción (pero de qué tipo, algo así es la obra de Cercas según él, ¿no?) porque la ve lejos de la esencia, la médula de la novela. La novela está unida a una dimensión narrativa, aunque excepciones hay, claro está. Para mí esas excepciones son eso, raras avis, y no suelen gustarme. Una expresión de lo plástico en la novela sería Severo Sarduy. Pero yo ni entiendo ni me vuelco en sus novelas, aún cuando a mi mujer le encanten. Nocilla no es, o es, pero poco, narrativa. Tiene elementos, sí, pero hay deshilvane. Eso no tiene que ser defecto. Para mí el defecto es que la novela no presenta mucho más fondo que esa estructura, ese rizoma y ese árbol (hablo figuradamente). Para resumir: mucho ruido y pocas nueces, tal vez propiciado por la escasez experimentalista, eso sí.
    Al respecto escribí:
    http://es.shvoong.com/books/1659093-nocilla-dream/
    P.D.: aunque más realista, también mucho más narrativo, y mucho más obra maestra es la novela Cristo versus Arizona, con la que encuentro algún punto en comúnen la estructura suelta.